Decrecimiento
Tenemos un planeta limitado en el que no es posible estar creciendo continuamente. Esto nos lleva a un proceso continuo de eliminación de recursos naturales que posee el planeta y a su vez posibilita el hecho de que estemos condenando a las futuras generaciones a heredar un planeta arrasado y esquilmado de sus recursos naturales. Por tanto, más allá de la cultura de lo sostenible y de la responsabilidad social corporativa, promovida entre otros actores por las propias multinacionales, la alternativa más factible es aprender a vivir mejor con menos, es decir el concepto de decrecimiento. Esto lleva consigo un arduo trabajo de reeducación y cambio cultural significando a su vez un cambio de paradigma. La educación, por tanto, de las futuras generaciones se presenta como un factor clave para potenciar un mundo más saludable, ecuánime y justo.
El decrecimiento lleva consigo desaprender, transformar la mirada sobre la realidad y posibilitar la construcción de nuevas formas de socialización que prioricen el mantenimiento de la vida y el bien común a la obtención desorbitada de beneficios económicos, sobre todo, para los principales gestores de este sistema socioeconómico. Lo que ayudará a enfatizar dos aspectos clave: propiciar el debate político en los entornos educativos y crear espacios para la reflexión y el aprendizaje dialógico(Kaufmann et al., 2019). Por tanto, la pedagogía del decrecimiento nos tiene que hacer comprender la importancia de un nuevo estilo de vida, tanto a nivel individual como colectivo, que ponga en el centro de nuestra convivencia valores humanistas (Díez, 2024),tales como: la redistribución económica, la participación democrática, el apoyo mutuo, el pensamiento crítico, la autosuficiencia, la cooperación, etc.